La incomodidad

La incomodidad ha sido una de mis grandes maestras, junto al miedo.

A menudo me siento incómoda, física o emocionalmente, mental o espiritualmente, y cuando la incomodidad me atraviesa hay una primera eacción que seuele aparecer en mí: huir.

Sí, marcharme de ahí tan rápido como me sea posible, irme lejos hasta que ya ni intuya esa incomodidad.

Pero si algo me ha enseñado la práctica del yoga es que solo transitando la incomodidad puedes romper tus propios límites, ir más allá, cruzar la línea que creías incruzable. Y para hacerlo debes aprender a RESPIRAR LA INCOMODIDAD, para tratar de no perder la calma, aunque a veces cueste.

Y es que muchas veces lo que me muestra la incomodidad es que estoy delante de algo que no conozco, de algo que por desconocido me genera rechazo, miedo, inseguridad. Pero que es en ese espacio nuevo en el que pueden acontecer nuevas experiencias, vivencias y oportunidades, y por lo tanto ese es el espacio de crecimiento.

Una metáfora que a mí me ayuda a entenderlo es pensar en un niño con dolor de huesos debido al crecimiento. Crecer en ese momento es incómodo, pero necesario. El niño crece físicamente y eso supone cierto dolor o incomodidad física, pero como personas adultas no dejamos de crecer en muchos otros sentidos, y también supone dolor e incomodidad.

Así pues, cuando empecé a entender la incomodidad como aliada y como señal de algo grande fue cuando empecé a permitírmela y transitarla desde la calma.

Acepto que me pongo en situaciones incómodas de forma consciente: me siento a meditar a menudo y me encuentro con mis fantasmas, practico yoga y trato de buscar asanas (posturas) que me reten o de sostener durante largos instantes esas que a simple vista me parecían sencillas; salgo a correr aunque me sienta casi morir; lanzo propuestas que me sacan de mi zona de confort completamente… Y todo ésto es incómodo pero me permite evolucionar.

Así que quiero invitarte a que te hagas amiga de la incomodidad. Lo sé, es una relación que se , necesita de tiempo, espacio y paciencia. Pero por algo se empieza, ¿no?.

Si cultivas tu relación con la incomodidad ésta te llevará a conocerte mejor, de nuevas formas y probablemente nos acercará al crecimiento que ni siquiera sabemos que podemos hacer, porque se encuentra fuera de nuestra zona de confort.

Si quieres empezar a practicarla ponte en situaciones que te incomoden, de forma respetuosa y amorosa pero a menudo. Situaciones que puedas sostener pero que te impliquen un punto de trabajo a nivel interno.

Te dejo algunos ejemplos que quizás te sirvan pero siéntete libre de hacer lo que tú sientas:

– Haz ayuno intermitente (mínimo 12 horas sin comida. Por ejemplo puedes no desayunar o no cenar y empezar a comer más tarde).
– Dúchate con agua fría. O báñate en el mar o en un río.
– Sal a correr unos kms
– Medita a diario
– Practica yoga o alguna práctica que suponga un esfuerzo para ti
– Ponte en situaciones que te apetece experimentar pero te incomodan (apúntate a clases de algo que no sabes hacer, canta en un karaoke, sal a bailar cuando te apetece…)

¡Pero ojo con volvernos adictos a la incomodidad! Tampoco es necesario buscarla constantemente, también debemos permitirnos el goce, la tranquilidad, la calma. Todo necesita de un cierto equilibrio, no lo olvidemos.

Gracias por leerme y estar,

Judit.