Escribir por el placer de escribir

Escribir por el placer de escribir, sin tener que aportar nada más que la lectura, sin tener que sumar, que dar, que regalar saber en cada palabra.

Escribir por el placer de encontrarme en cada palabara, en cada punto, en cada interrogante. De saberme este conjunto de letras que a ratos toman sentido y otros tantos lo pierden.

Escribir por el mero placer de dejarme ser, tranquila, sin mi propio juicio o con él, rompiendo el miedo o viviéndolo, porque ¿qué más da al final?.

Sí, hace un tiempo dejé de escribir de puertas afuera, creo que me perdí de nuevo, como tantas otras veces, ¡bendita la oportunidad de volver a encontrarme!. Quizás dejé de escribir porque sentía que no aportaba suficiente valor, quizás porque creí que todo estaba dicho, o porque simplemente me daba pereza verme en la mirada ajena. Pero realmente, ¿qué dirá esa mirada que no me haya dicho yo misma ya? No conozco más crueldad que la que una es capaz de someterse a sí misma.

Así que desde hace unos días, y con la urgencia de vivir más viva que nunca, laten en mí las ganas de compartirme, porque escribir siempre ha sido sanación y terapia interna. Porque entre palabras he encontrado sentido, aliento y fuerza. Pero también interrogantes, preguntas y miedos. Y lo he mirado todo, lo he permitido y ha sido, ¡y qué maravilla!

Escribir por el placer de escribir sería como vivir por el placer de vivir, y eso es algo que poco a poco voy aprendiendo a hacer, o tratando de hacer, que ya me parece suficiente.

El otro día leía que toda declaración de amor es urgente porque vamos a morir. Y así es, así lo vivo. Y esta es mi declaración de amor hacia mí misma, es mi sí a mí misma, es mi amor más puro e incondicional. Soy yo entre letras.

Así que he vuelto,
para no decirte nada,
para así decirlo todo.

Gracias por estar,

Judit.