Minimalismo – qué es para mí

No soy minimalista, aunque me gustaría serlo un poco más. He leído mucho sobre esta corriente (no la estética, sino el estilo de vida) y me parece apasionante y maravilloso, pero debo serte sincera, yo no soy minimalista o por lo menos, no aparentemente.

Entiendo que ser minimalista es vivir con lo justo y necesario, con lo que necesitamos cada cuál a su vida y a su realidad. Entiendo que es vivir con lo esencial y sin caprichos de más o cosas sobrantes. Aunque, ser minimalista no quiere decir renunciar a todo sólo para tener lo que nos es utilitario, también es adaptarnos a lo que la vida y nuestro ser nos pide.

No soy minimalista porque tengo mucho más de lo que realmente necesito, no tengo ni lo justo ni lo necesario, tengo mucho más que eso. No tiro lo que está de más, porque me parece que es útil y tengo la certeza que hay muchas cosas que actualmente tengo duplicadas a causa de regalos o donaciones y que tarde o temprano, cuando falte la que actualmente utilizo, las voy a utilizar. No tengo lo justo o necesario, tengo más de todo y me gusta disponer de la posibilidad de tenerlo. Lo disfruto.

De hecho, cuando me he ido informando acerca del minimalismo una de las cosas que me ha sorprendido es que te invitan a tirar, tirar y tirar. Y a mí esa idea no me termina de gustar. Ni tiro ni dono casi nada, y no por egoísmo sino por utilitarismo. Gasto, utilizo y termino desechando lo que tengo cuando ya no da más de sí. Soy así y me funciona.

No quiero confundiros con una idea que no sería cierta. Sí he tirado, regalado o donado las cosas que sé que no voy a utilizar jamás y que estarán en un lugar de mi casa cogiendo polvo, pero ya hace tiempo que ni compro ni tengo este estilo de productos con lo que hace un tiempo que ya no tiro casi nada.

Un ejemplo muy claro es la ropa, la locura de Marie Kondo nos ha invitado a tirar armarios enteros para comprar de nuevo. Yo a esta idea no le encuentro el sentido y debe ser por esto que hace casi dos años que no compro ropa (a excepción de pijama, ropa interior y de deporte). Aquí debo puntualizar que tengo la suerte de que me la dan casi toda y que, además, tengo mucha ropa para ir utilizando hasta que se estropee.

Tengo los aparatos electrónicos que necesito y alguno más, no nos vamos a engañar. Y me encanta tenerlos. No, no necesito una panificadora pero soy feliz haciéndome mi pan. No, no necesito una cámara de agua pero me gusta tenerla y sacar fotos y vídeos en las profundidades marítimas.

Guardo cosas que me aportan ciertas dosis de felicidad y que no tienen demasiada utilidad. Me encanta acumular libros y cada vez tengo más plantas en casa. En cuanto a plantas soy la antítesis al minimalismo.

En definitiva, no soy minimalista y estoy muy lejos de serlo. Pero a mí así me funciona.

No soy minimalista en este sentido materialista pero debo decirte que para mí el minimalismo va mucho más allá. Va en minimizar nuestras tareas, nuestras acciones y hasta quizás nuestros pensamientos. Ser minimalista de mente es mucho más complicado que serlo a nivel material y creo que es allí dónde reside el gran misterio del minimalismo, y su mayor magia.

Me atrevo a decir que cada vez soy más minimalista de pensamiento pero es una pauta dada a través de todo un proceso. Antes programaba 100 tareas diarias, ahora programo las justas y las que creo que puedo cumplir. Antes tenía 100 planes en un fin de semana, ahora tengo uno por día y si por mala suerte coinciden me adapto. Antes me permitía estar horas y horas enganchada a pensamientos que me nublaban la mente y me dejaban agotada y ahora itnento ser consciente de mi trayectoria mental y desengancharme de las ideas que no me aportan ningún tipo de valor (y qué difícil es hacerlo):

Y aquí es cuando digo: pues quizás sí soy minimalista.

Creo firmamente que en esta sociedad que nos ha enseñado que cantidad es más importante que calidad entender que menos es más es el acto más revolucionario que hay.

Y cuando este acto no lo aplicas sólo a lo visible sino que lo llevas al campo de lo intangible, al campo de la vida interior, de la vida privada y de la actividad mental es algo completamente revelador.

Así que, rectifico para decirte que quizás no soy una minimalista en su más pura forma, pero que cada día estoy más cerca de un minimalismo mental que me aporta CLARIDAD, PAZ Y CALMA.

¿Minimizamos excesos de ideas?

Gracias por leerme,

Y como siempre te mando un abrazo cargado de presencia y amor,

Judit.

PD: Si te parece interesante quizás te interese un artículo bastante relcionado que escribí al mudarme: “las posibilidades de una mudanza: armario cápsula”

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