Soy mi responsabilidad

Tardé un tiempo en darme cuenta de ésto pero por fin lo entendí. Yo soy mi responsabilidad y la de nadie más. No soy una responsabilidad compartida, soy una responsabilidad únicamente mía.

Antes, cuando era pequeña no era así, era la responsabilidad de los mayores, de mis padres concretamente, pero al crecer la responsabilidad que ellos tenían en mí desparece y paso a ser mi propia responsabilidad.

¿Pero sabes qué sucede? Que a menudo me olvido de mí misma y de esta responsabilidad que me comporto, ya que de pronto todo lo que sucede a mi alrededor es más importante que yo misma. Yo no soy mi única responsabilidad y, a veces, dejo que el peso de las otras me pasen por encima. Empiezo con las preocupaciones laborales, sigo con el querer tener la casa en orden, continúo con la militancia activa y me dejo llevar por las obligaciones del día a día. Y en ese conjunto de quehaceres me pregunto ¿dónde he quedado yo?.

Y es así cómo de golpe, el sin freno de la vida diaria me engulle y me doy cuenta que estoy en el lugar más bajo de mis días, como si no fuera realmente importante. Pero, por suerte, abro los ojos ante esta realidad y quizás me enfade un poco conmigo misma, quizás me pida perdón, o quizás me abrace necesitando sentir mi propio contacto. Pero, lo que está claro es que sólo cuando me doy cuenta puedo poner solución.

Ser mi responsabilidad implica ESCUCHARME detenidamente, saber qué necesito a cada momento, respetar mis tiempos de actividad pero sobretodo mis tiempos de descanso y de retiro.

Ser mi responsabilidad implica cuidarme y no olvidarme de mis citas, acordarme de pedir hora al ginecólogo, apuntarme cuándo me toca la limpieza bucal, visitar al osteópata o al fisio cuando lo necesito, porque en mis manos está tener el control de mi propia salud.

Ser mi responsabilidad también quiere decir nutrirme, tanto física como emocionalmente. Es aprender a comunicar mis necesidades, no puedo esperar que la otra persona sepa qué necesito de ella, sino que tengo que empezar a aprender a pedir. Si necesito el abrazo de una amiga no esperaré a que ella por arte de magia lo sepa, la llamaré e iré a por él. Si necesito la conversación con mi familia no pensaré que lo van a notar por telepatia, cogeré el teléfono y les llamaré. Si mi mente necesita ser calmada con la paz que pueda proporcionarme mi pareja, no esperaré a que lo intuya, sino que lo pediré. Creo que saber pedir es uno de los aprendizajes más grandes y de empoderamiento que me ha aportado ser consciente de mi propia responsabilidad.

Y, entre muchas cosas, ser mi responsabilidad implica que debo darme espacios para poder serlo. Bajar el ritmo, silenciar el ruido exterior para escuchar el interior, conectar con lo que para mí es importante, darme a la práctica y a la reflexión, dejarme tiempo para meditar, nutrirme de alimentos ricos y completos, conectar con mi naturaleza, ESTAR y SER presente.

Y esto, es lo que vamos a practicar en nuestro RETIRO RESPIRA re-conectar con nosotros mismos para volver a ser nuestra propia responsabilidad. ¿Te vienes a ponerlo en práctica?

Gracias por estar aquí,
te mando un abrazo gigante, Judit.

PD: si quieres leer más sobre porqué hacer un retiro quizás te guste este artículo “Regalarme“, y si te apetece conectar contigo misma puedes descargarte la Guía “Soy mi prioridad” en la que encontrarás 10 actividades para dedicarte espacios de tiempo a diario.

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