Fin de año. Y agradecer.

Llegan los últimos días del año y me da por pensar, por recogerme y por echar la vista atrás, no para quedarme amarrada en el pasado, pero sí para entender por qué vivo en este presente.

La verdad es que 2018 ha sido un año lleno. Un año de cambios, de montañas rusas, de miedos y de superación.

Pienso en cómo iniciaba el año, en cómo me sentía a nivel emocional, debido a un conjunto de situaciones que sentía que se escapaban de mis manos pero que no era así, y pienso en cómo me siento ahora y veo una diferencia abismal. Y es que un salto al vacío, y con los ojos cerrados, a supuesto el caer en una nueva tierra en la que me siento mejor, y abro bien los ojos a lo que está sucediendo y lo que está por venir.

Y si una cosa me llevo de este año de altibajos es que yo tengo el control de muchas más cosas de las que creía. Me sentía inmersa en una situación laboral que me dejaba sin energía para nada más, situación de la que no sabía cómo salir. Quizá por miedos, quizá por inseguridades, quizá por esa idea de “lo correcto”. Pero apoyada por los míos tomé las riendas de esa situación y dije basta.

Ante esto, el miedo. Porque por mala suerte, para mí el no tener trabajo en esta sociedad donde el único valor que parece real es el capital, estar sin trabajo era estar fuera, era temer por mi situación. Por suerte, al poco tiempo fueron saliendo y fui buscando nuevas oportunidades, nuevos campos en los que ser y crecer. Hasta día de hoy, en el que estoy trabajando en varios proyectos muy distintos entre sí y veo como mis facetas profesionales y pasionales se van desarrollando cada vez en más libertad, llenándome y haciéndome sentir bien, de lunes a domingo.

Entre mi trabajo de educadora social, las clases de yoga y la redacción de artículos para mi propio blog y páginas web ajenas, mi agenda está llena y mis días “a tope”, pero me siento FELIZ, y eso a veces cuesta de entender. Algunas personas en estos últimos meses se han atrevido a cuestionar, cuando no les he pedido opinión, y muchas de ellas me dicen que priorice, que baje el ritmo, que no quiera abarcar tanto… pero la realidad, tal y como la veo yo, es que todo ha llegado de golpe y quizás cuando tenía que llegar. Sabiendo que estoy cubriendo una baja temporal me apetece estar en todo ésto y lo veo como una magnífica oportunidad de crecer.

Así que, uno de los propósitos que me marqué últimamente se ve cumplido, la felicidad de lunes a domingo, entendiendo la felicidad no como un estado de euforia sino como un bienestar que está presente en mí a través de la calma, la paz y la aceptación personal, no sólo cuando tengo horas libres sino también en mi rutina laboral. Así que sí, puedo considerar que he avanzado en este propósito. Definitivamente, quería cambio verdadero y empecé a caminar distinto.

Si sigo analizando los propósitos de 2018, que puedes encontrar aquí, puedo decir que el 2018 ha sido un año en el que he aprendido a mimarme y cuidarme cada vez más, estando atenta a la escucha interior. Y, la verdad, es que me gustaría dedicar más tiempo a los míos, encontrarnos más a menudo, celebrar que celebramos más veces…

Por otro lado, el residuo cero no ha llegado a mi vida tal y cómo me propuse, pero es que no sé si llegará nunca. Lo que sí puedo afirmar es que sigue estando presente la reducción de residuos, especialmente eliminar plásticos, reducir el consumo y las compras innecesarias y llevar una vida más simple, más minimalista.

Y respeto al propósito de aprender y desarrollar mi capacidad artística estoy satisfecha. He hecho formaciones en los campos de mi vida que me motivan, este año he apostado especialmente por el yoga, he dedicado tardes enteras a pintar, a fotografiar, les he sacado el polvo a las acuarelas y hasta he vuelto al ukelele. Lo que quizás he hecho poco es dedicarme a la lectura, así que toca apuntar nuevos retos.

Y, por último, el agradecimiento ha entrado, penetrado y se ha quedado en mi vida. Vivir en agradecimiento es el mejor regalo de este 2018, comprender que por negro que esté el día siempre hay fortuna que agradecer, SIEMPRE, por mucho que cueste verla o aceptarla. En los días grises me aferré tanto al agradecimiento que se apoderó de mí, y lo entendí: Hay oscuridad, por supuesto, y no tenemos que negarla, pero también hay luz, por supuesto, y tampoco tenemos que negarla.

Así que, infinitamente agradecida termino este año, pensando y proyectando los nuevos propósitos para el 2019, que por cierto, he creado con mi guía “Perderte para encontrar” que puedes descargarte gratuitamente.

Y nada, sólo me queda darte las GRACIAS por darle sentido a ésto y desearte un buen recogimiento para proyectar de nuevo en este ciclo que empieza, a eso que llamamos año nuveo.

¡Te abrazo fuerte!

Judit.

PD: puedes leer mis propósitos del año 2018 pinchando aquí 😉

PD2: me siento súper felix y agradecida por el recibimiento de la guía “Perderte para encontrar: cinco ejercicios prácticos para potenciar el autoconocimiento y marcarnos propósitos y metas”. Es flipante ver como lo acogéis mis palabras e ideas con tanto amor, ¡sóis una suerte! Te dejo el enlace para poderte inscribir a la Carta mensual y así recibirlo, por si aún no lo tienes 🙂

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