De aceptar, y otras cosas…

Hace unos días con una amiga hablábamos de muchas cosas y de ninguna a la vez, como suele pasarnos, pero entre palabras llenas y vacías apareció una idea que me tiene dándole vueltas.

Hablábamos de que nos han enseñado a convivir con la aceptación. Nos han dicho que debemos aceptar lo que nos sucede, aceptar las cosas malas que nos pasan porque quizás se convertirán en aprendizaje, aceptar que la vida es finita y eso a su vez es lo que le da sentido, aceptar que no todo sale bien y que fallamos, aunque no nos hayan enseñado a fallar, y aceptar que quizás todo pasa por algo. Toda la vida aceptando.Trabajar la aceptación

Digamos que en mi vida, la aceptación ha ido acompañada de algo negativo, de una derrotada, de una caída, de un suspenso, de una pérdida, de un fallo…. Aceptar se ha convertido en dejar aquello que es negativo en su lugar, permitirle ser y aparecer ya que forma parte de la vida y de nosotras mismas y nuestra experiencia.

Pero nunca me ha gustado el conformismo de esta palabra. Sí, debemos aceptar y hay muchas cosas con las que la única opción para lidiarlas es esta, la aceptación. Pero también debemos hacer un paso más y no quedarnos en el mero hecho de aceptar, sino que también merecemos mover, actuar. La aceptación me genera una sensación de inmovilidad que no me gusta, quiero que aceptar vaya acompañado de otras muchas palabras como mover, empezar, levantarse, estudiar, probar, experimentar….

Así que pensando en aceptar sólo venían a mi mente cosas negativas y de golpe me pregunté, y ¿qué hay de aceptar lo positivo, lo bueno?

Aceptar lo bueno y lo malo

Claro, visto así parece obvio, lo bueno es fácil de aceptar, de hecho casi ni tenemos que aceptarlo porque simplemente está, le damos su lugar para que permanezca en nosotros sin tener que realizar esfuerzo emocional alguno. Es decir, no hay un proceso de aceptación de lo bueno, lo bueno llega y punto.

Pero yo creo que no es así. Hay personas que no saben convivir con lo bueno, porque nos han enseñado a fracasar y a llevar el fracaso pero no a triunfar. En mi trabajo anterior lo veía en algunos chicos y chicas que cuando las cosas les empezaban a ir bien necesitaban fallar, porque des de la posición de lo que no está bien se sentían cómodos, habían aprendido a aceptar ese lugar, aceptándolo sin cambiarlo porque el cambio necesitaba de un esfuerzo superior. Además, salir de esa zona implicaba la posibilidad de fallar a los demás, de que el fracaso fuera mayor porque si caes de más arriba el golpe es más fuerte.

Aceptar lo bueno y lo malo

A todo esto pensé que nos educaron en una humildad que quizás fue mal entendida, porque en un primer lugar no todos sabemos aceptar lo bueno, y los que lo hacemos demasiado a menudo es en silencio, sin celebrar, por ser humildes, por evitar una posible caída, un retroceso, pero también por respetar y por no parecer egocéntricos o egoístas.

Me di cuenta que no suelo decirme a mí misma en voz alta: ¡qué bien lo has hecho Judit!, en cambio me resulta muy fácil decirle al de al lado lo genial que se le da algo. No es que me castigue ni que no me conforme, porque a decir verdad, y sin querer parecer engreída, me siento muy satisfecha de dónde estoy y de la vida que voy construyendo gracias a lo que han depositado tantas personas en mí, y aunque esté en una época de cambios de dejar trabajos, empezar de nuevos, soñar proyectos y vivir en la reflexión constante, estoy contenta con mi modo de actuar y las decisiones tomadas. ¿Pero porque si es así me cuesta tanto felicitarme en voz alta?

Aceptar es avanzar

He creído firmemente siempre que debemos ser humildes, que lo que nos sucede bueno lo podemos compartir con nuestro alrededor de una forma discreta y así sigo pensándolo. Pero hablando con mi amiga me di cuenta que socialmente nos cuesta aceptar cosas que hacemos bien, nos cuesta fortalecernos a nosotras mismas como personas únicas, sentirnos valientes, fuertes y capaces de lo que sea. ¿No te ha pasado nunca que te felicitan por alguna cosa que has hecho y no sabes qué responder, o que te alaban alguna cosa o cualidad que tú sabes que tienes porque lo has trabajado mucho pero no sabes como actuar y te acabas quitando méritos? Pues a eso voy… me pregunto porque nos cuesta tanto a tantas personas aceptar y decir, des de la humildad de sabernos seres limitados, lo que sí se nos da bien.

Así que con esta reflexión hoy quiero invitarte a que te celebres, a ti, a tus logros, a tus metas, a tus errores y a tus aciertos. Que antes de acostarte te digas en voz alta lo bien que has actuado en un preciso momento, lo feliz que has sido en ese pequeño gesto y la alegría que has regalado a los demás. Porque tú no sólo aceptas lo que cuesta, lo difícil, también aceptas lo fácil, lo sencillo, lo bonito y bello; y eso te alegra y fortalece, te define y te hace brillar siendo tú.

Así que sí, acepta todo lo que venga, y celebra, celebrarte a diario. 

Gracias por leerme,

Judit.

PD: si te ha gustado este artículo quizá te apetece leer mi post sobre la frustración, sobre ser Frágil, celebrar que celebramos o quizás mi forma de ver la felicidad.

 

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