Crónica de una feminista

Ya llevamos muchos golpes encima, muchas injusticias y quejas. Mucho hablar y actuar, pero muy pocas escuchas y cambios reales. Y me siento enfadada, fatigada y harta. A la vez que contenta al ver que cada vez somos más las que estamos unidas y nos sentimos como HERMANAS.

Sí, estoy muy harta de tener que ir explicando al mundo que somos feministas por necesidad, no por placer; que no nos sentimos superiores, sino que se nos trata como a inferiores; que no buscamos ser “más que”, sino “igual que”; que no queremos una justicia paternalista sino simplemente JUSTA y equitativa (perdón por la redundancia); que el miedo que sentimos las mujeres no es algo inventado o de “paranoicas”, como demasiado a menudo se nos llama, sino algo fundamentado en las vivencias reales de todas las mujeres a día de hoy.

Por eso empiezo este apartado en el blog, las”historias de una feminista”, dónde os contaré en forma de pequeños relatos las experiencias que me han ido sucediendo a lo largo de mi vida (a mí o a personas de mi alrededor) que me han convertido en una FEMINISTA en toda regla. Y sí, lo digo en mayúsculas, sin miedo ni temor. Soy y seré feminista porque la sociedad me ha llevado a serlo, porque mis experiencias me han marcado un antes y un después, porque desde que nací estuve condenada a vivir en una situación de inferioridad. Y si no te lo crees empieza a leer…

Ojalá este espacio lo leáis todas esas personas que me comentáis que no os gustan las feministas, que no creéis en esta lucha, y, ojalá, con los ejemplos claros y concisos que pretendo mostraros vuestra forma de entenderlo cambie y empecéis a luchar por vosotras, por nosotras, por vosotros y por el futuro de una sociedad que si sigue así acarreará grandes problemas.

Empecemos por algo suave y sutil…screenshot_2016-12-13-11-34-06

CRÓNICA DE UNA FEMINISTA – EDUCACIÓN PRIMARIA:

Recuerdo mis años de escuela como algo muy bonito, muy lleno y completo. Algo positivo en mi vida, de aprendizaje constante, de crecer con unos valores que aún hoy conservo y que me han hecho ver la vida des de una óptica crítica.

Veréis, yo era la típica niña aplicada, estudiosa, a la que le gustaba aprender y se implicaba en la escuela. Un poco mala, a veces, de esas que se deja llevar y se ríe de quién no debe (maldita sinceridad infantil, miedos y tonterías que nos hicieron actuar de ciertas formas contra algunas personas para ser aceptadas e incluidas, y sin que el profesorado se diera ni cuenta. Perdón, ésto es otro tema).

A lo que voy, como niña activa y comprometida que era dentro de la clase, a lo largo de mi escolarización me tocó hacer ese magnífico papel que nadie quería, el de ser DELEGADA de la clase. Recuerdo que para que fuera equitativo en términos de género se escogía a un delegado chico y a una delegada chica, ¡lo que vendría a ser un punto positivo para la escuela!

La función del delegado y la delegada era hacer de portavoz de la clase hacia el profesorado, la dirección y con los otros cursos. También se encargaba de organizar pequeñas cosas y creo que hasta era divertido serlo. Sí, me gustaba porque nos daba voz y esa voz tenía una repercusión real (no cómo en la sociedad que vivimos).

Pues veréis, no todo es tan magnífico como parece. No recuerdo muy bien qué decidimos cómo clase, pero recuerdo que teníamos que comunicar una decisión que habíamos tomado de forma asamblearia a un profesor concreto, y se decidió que fueran los delegados quién lo comunicaran. Me acuerdo perfectamente de estar en la sesión de tutoría, y que nuestro tutor de ese momento se atreviera a soltar lo siguiente:

“Oye Judit, mejor que lo comunique el delegado y no tú, porque cuándo habla un chico se le acostumbra a escuchar más y tiene más credibilidad.”

Sí amigxs, esto me dijo mi tutor. ¿Surrealista verdad? Y sí queridxs ésto, por los que no lo veáis claro aún, es un comentario MACHISTA que salió de la boca de un profesor, un supuesto guía, formador y ejemplo a seguir. Pensé que había calado en mi de la forma opuesta a la que él pretendía, que no había creído ni una sola palabra, porque de hecho me enrabió. Pero me doy cuenta que se posó en mi interior y ahora me encuentro en lucha cada vez que tengo que hablar delante de un grupo mixto, por ejemplo en una asamblea.

Y ahora pensaréis, que esto es una tontería. Pero el conjunto de pequeñas ideas y acciones crean el imaginario e ideario colectivo. Si a un niño o niña se le dan estos mensajes de forma involuntaria pero constante los acaba aprendiendo, los coloca en su mente y los reproduce.

Y así estamos a día de hoy, luchando para romper este falso imaginario que nos han impuesto, pidiendo y alzando nuestra voz en las asambleas, permitiéndonos ser las protagonistas aunque nos hayan enseñado todo lo contrario.

Seguiremos, pero por hoy sólo os dejo con esta experiencia machista, una de tantas, que me ha ayudado a ser y entender el feminismo.

Gracias por leerme,

Judit.

 

 

 

 

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