Vivir en femenino

 

Vivir en femenino es nacer en un camino marcado por la desigualdad  (si aún crees que no es así lee hasta al final).

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Vivir en femenino es tener que oír des de que naces que ser chica es algo peyorativo con frases como “te comportas como una chica”, “gritas como una chica”, “peleas como una chica”, “lloras como una chica”… (¿cómo sino lo voy a hacer, si es lo qué soy?).

Es crecer rodeada de imágenes, publicidad y juguetes que te recuerdan lo buena madre que podrás llegar a ser algún día (cómo si ésa fuera nuestra única meta).

Vivir en femenino es que cuándo te toque elegir tu futuro te digan que hay trabajos propios de tu condición de mujer, los de cuidar, los de mimar o de ayudar, en los que será más fácil que encuentres un lugar (porque ya se sabe que las capacidades de hombres y mujeres son completamente distintas y la inteligencia de los hombres es más mecánica y por lo tanto mejor!).

Vivir en femenino es que a la que te vayas haciendo mayor te presionen para llegar a cumplir las expectativas que de ti se esperan, es decir, una medidas aproximadas que todas conocemos como 90-60-90 (pero no te quejes que la presión estética te la pones tú eh, pero por favor no te olvides de depilarte, estar delgadita y ponerte morena en verano!).

Es sangrar cada mes durante casi media vida pero tener que soportar que te digan que eres el sexo débil (porque claro… somos unas exageradas y seguro que no duele tanto!).

Vivir en femenino es ser portadora de vida pero haber nacido de una costilla (obviamente somos parte completamente secundaria del proceso).

Es salir de noche a una discoteca y que tu cuerpo  (sobretodo tu culo) esté a su disposición (tú de ir tan apretada, y además ya se sabe que en el mundo de la noche hay lo que hay).

Es que una amiga (o quizás yo misma) llegue llorando y diciéndote que tras dos copas de más hubo un chico que no tubo reparo en bajarle los pantalones cuándo apenas era capaz de decir su nombre (otra vez, culpa nuestra, por beber más de la cuenta).

O quizás es ir por la calle y que juzguen tu cuerpo en sus miradas y en voz alta (pero si sólo te digo cosas bonitas, ¿por qué te enfadas?).

Vivir en femenino es que tu jefe te llame cariño o te dé dos besos y no la mano como hace con todos los demás (venga no me seas fría, guapa!).

Es que te pregunten si tienes pensado ser madre en una entrevista de trabajo (porque ya se sabe que si lo quieres ser eres menos válida para la empresa).

Es que muchos susurren que has llegado a tu posición laboral a base de hacer favores a alguien ( porque con tus capacidades intelectuales NUNCA hay suficiente, tiene que haber algo sexual o físico para llegar hasta tan arriba).

Vivir en femenino es tener miedo al pisar las calles de noche porque las calles aún no son nuestras (sois una pesadas, siempre paranoicas con lo que os pueden violar).

Es que nadie te hable de tu masturbación y que lo vivas como un pecado hasta que alguien te dice que no estás loca, que es normal (bueno loca no, pero necesitada sí eh…).

Es que si tienes dolores menstruales se atrevan a decirte que es por un complejo o una insatisfacción con tu feminidad (¡¿qué feminidad, la que me impones?!)

Es ser una guarra si te vas con varixs o una monja si haces lo contrario (porque claramente todo el mundo tiene derecho a opinar sobre tu sexualidad).

Y también es ser afortunada si tu pareja (obviamente chico) te “ayuda” en las tareas del hogar (porque tú eres la dueña y ama de casa y por lo tanto es tu obligación natal mantenerla limpia, con la nevera repleta y en perfecta armonía!).

Vivir en femenino, en definitiva, es una eterna lucha, un romper esquemas constante, un repensar qué implica la palabra mujer, evitar cualquier idea preconcebida de la feminidad, visualizar lo que es injusto, educar por y para la igualdad, reaprender el cuento que alguien se inventó sobre nuestro cuerpo, tomar partido en cualquier zona de nuestra sociedad, hacernos presentes, ser constantes, no decaer, permitirse fallar, autodefenderse, implicarse, luchar….

No es justo que así sea vivir en femenino. Así que, por favor, nunca más utilices otra excusa para decir que el feminismo no debe de existir, nunca más pongas en duda que esta lucha es necesaria y legítima, y nunca más utilices esa posición de autoridad y poder que la sociedad y la historia te ha dado, no te conviertas en cómplice ni en agresor. Toma conciencia, baja de tu pedestal y cambia el juego, porque también está en tu mano.

Gracias por llegar hasta aquí,

Judit.

PD: escribo des de la rabia, la impotencia y el dolor. Consciente que me dejo mil y una situaciones de desigualdad y que hablo des de mi posición y des de mi conocer. Así que si quieres añadir o aportar cualquier idea te lo agradeceré! Un abrazo gigante! 🙂

 

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